Los goces del cielo comienzan en el hogar

 

SERÁN RECOMPENSADOS

Galardón Actual y Futuro

Una rica recompensa los aguarda.-

Si los padres dan la debida educación a sus hijos, experimentarán ellos mismos felicidad al ver, en el carácter cristiano de sus hijos, el fruto de su cuidadosa enseñanza. Están rindiendo a Dios el servicio más elevado al presentar al mundo familias bien ordenadas y disciplinadas, que no sólo temen al Señor, sino que le honran y glorifican por la influencia que ejercen sobre otras familias; y recibirán su recompensa.*

Padres creyentes, os incumbe una obra de responsabilidad para guiar los pasos de vuestros hijos aun en su experiencia religiosa. Cuando amen verdaderamente a Dios os bendecirán y reverenciarán por el cuidado que les otorgasteis y por vuestra fidelidad al restringir sus deseos y subyugar sus voluntades.*

Hay una recompensa cuando la semilla de verdad se siembra temprano en el corazón y se la atiende cuidadosamente.*

Los padres deben obrar teniendo en vista la futura cosecha. Aunque siembren con lágrimas, entre muchos desalientos, deben hacerlo con ferviente oración. Tal vez sólo vean promesas de una mies tardía y escasa, pero esto no debe impedirles que siembren. Deben hacerlo a orillas de todas las aguas, aprovechando toda oportunidad de perfeccionarse y de beneficiar a sus hijos. Una siembra tal no se hará en vano. Al tiempo de la siega muchos padres fieles volverán con regocijo trayendo sus gavillas.* 484

Dad a vuestros hijos cultura intelectual y preparación moral. Fortaleced sus mentes juveniles con principios firmes y puros. Mientras tenéis oportunidad, echad el fundamento de una noble virilidad y feminidad. Vuestra labor será recompensada mil veces.*

Los padres serán reverenciados.-

En la Palabra de Dios hallamos esta hermosa descripción de un hogar feliz y de la mujer que lo preside: “Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó.” ¿Qué mayor elogio podría desear una ama de casa que el así expresado? *

Si ella [la esposa y madre fiel] busca en Dios su fuerza y consuelo, y guiada por su sabiduría y temiéndole procura cumplir diariamente su deber, vinculará a su esposo con su propio corazón y verá a sus hijos madurar en hombres y mujeres honorables, que tendrán vigor moral para seguir el ejemplo de su madre.*

Lo que ha de estimular grandemente a la madre laboriosa y sobrecargada es el hecho de que todo hijo debidamente educado y dotado del adorno interior de un espíritu manso y sosegado, tendrá idoneidad para el cielo y resplandecerá en los atrios del Señor.*

Los goces del cielo comienzan en el hogar.-

El cielo y la tierra no están más alejados hoy que cuando los pastores oyeron el canto de los ángeles. La humanidad sigue hoy siendo objeto de la solicitud celestial tanto como cuando los hombres comunes, de ocupaciones ordinarias, se encontraban con los ángeles al mediodía, y hablaban con los mensajeros celestiales en las viñas y los campos. Mientras recorremos las sendas humildes de la vida, el cielo puede estar muy cerca de nosotros. Los ángeles de los atrios celestes acompañarán los pasos de aquellos que vayan y vengan a la orden de Dios.*

La vida en la tierra es el comienzo de la vida en el cielo; la educación en la tierra es una iniciación en los principios del cielo; la obra de la vida aquí es una preparación para la obra 485 de la vida allá. Lo que somos ahora en carácter y servicio santo es el símbolo seguro de lo que seremos.*

El servicio prestado con sinceridad de corazón tiene gran recompensa. “Tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.” Por la vida que vivimos mediante la gracia de Cristo se forma el carácter. La belleza original empieza a ser restaurada en el alma. Los atributos del carácter de Cristo son impartidos, y la imagen del Ser divino empieza a resplandecer. Los rostros de los hombres y mujeres que andan y trabajan con Dios expresan la paz del cielo. Están rodeados por la atmósfera celestial. Para esas almas, el reino de Dios empezó ya. Tienen el gozo de Cristo, el gozo de beneficiar a la humanidad. Tienen la honra de ser aceptados para servir al Maestro; se les ha confiado el cargo de hacer su obra en su nombre.*

Preparados para el cielo.-

Dios desea que se cumpla el plan del cielo y que en cada familia, cada iglesia e institución prevalezcan como en el cielo la armonía y el orden divinos. Si este amor leudara la sociedad, veríamos la manifestación de nobles principios en caridad, cortesía y refinamiento cristianos hacia los que fueron comprados por la sangre de Cristo. En todas nuestras familias, instituciones e iglesias se vería una transformación espiritual. Cuando ésta se produzca aquellas agrupaciones llegarán a ser instrumentos por los cuales Dios comunicará la luz del cielo al mundo y así, mediante la disciplina y preparación divinas, alistará a hombres y mujeres para la sociedad del cielo.*

Galardón del postrer gran día.-

Al trabajar por vuestros hijos, valeos del gran poder de Dios. Confiad vuestros hijos al Señor en oración. Obrad por ellos fervorosa e incansablemente. Dios oirá vuestras oraciones y los atraerá a sí mismo. Luego, en el último gran día, podréis presentarlos a Dios diciendo: “He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová.” *

Cuando Samuel reciba la corona de gloria, la mecerá delante 486 del trono para rendir honor, y reconocerá con gozo que las lecciones que su madre le dio fielmente por los méritos de Cristo le coronaron de gloria inmortal.*

Nunca apreciará el mundo la obra de los padres prudentes, pero cuando sesione el juicio y se abran los libros, esa obra se verá como Dios la ve y será recompensada delante de hombres y ángeles. Se verá que un hijo criado fielmente fue una luz en el mundo. Velar sobre la formación del carácter de ese hijo costó lágrimas, ansiedad y noches de insomnio, pero la obra se hizo sabiamente, y los padres oyen al Maestro decir: “Bien, buen siervo y fiel.” *

La admisión en el palacio real.-

Enséñese a los jóvenes y niños a escoger para sí la vestidura real tejida en el telar del cielo, el “lino fino blanco, . . . y puro” que usarán todos los santos de la tierra. Se ofrece gratuitamente a todo ser humano esta vestidura, el carácter inmaculado de Cristo. Pero todo los que la reciban la han de recibir y usar aquí.

Enséñese a los niños que, al abrir su mente a los pensamientos de pureza y amor, y ejecutar acciones útiles y amables, se visten con la hermosa vestidura del carácter de Cristo. Este traje los hará hermosos y amados aquí, y más adelante será su título de admisión al palacio del Rey. Su promesa es: “Andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos. “*

La bienvenida divina.-

Vi gran número de ángeles que de la ciudad traían brillantes coronas, una para cada santo, y cuyo nombre estaba inscrito en ella. Cuando Jesús preguntó por las coronas, los ángeles se las presentaron, y con su propia mano derecha ciñólas en la cabeza de los santos. Y de la misma manera trajeron los ángeles arpas, y se las presentó a los santos. Los ángeles caudillos preludiaban la nota del cántico entonado por todas las voces en agradecida y dichosa alabanza. Todas las manos pulsaron hábilmente las cuerdas del arpa, dejando oír melodiosa música en fuertes y perfectos acordes. 487

Después vi que Jesús conducía a los redimidos a la puerta de la ciudad; y al llegar a ella, la hizo girar sobre sus goznes, y mandó que entraran cuantas gentes hubiesen guardado la verdad. Dentro de la ciudad había todo lo que puede agradar a la vista. Los redimidos contemplaban abundante gloria por doquiera. Después miró Jesús a sus redimidos santos, cuyo aspecto irradiaba esplendor, y fijando en ellos sus cariñosos ojos, dijo con su armoniosa y celeste voz: “Contemplo el trabajo de mi alma, y estoy satisfecho. Vuestra es esta excelsa gloria para disfrutarla eternamente. Terminaron vuestras tristezas. No habrá más muerte ni llanto ni clamor ni dolor.” Vi que la hueste de los redimidos se postraba y arrojaba sus brillantes coronas a los pies de Jesús; y cuando su bondadosa mano lo alzó del suelo, pulsaron sus áureas arpas y llenaron el cielo con su deleitosa música y cánticos al Cordero….

Las palabras son demasiado pobres para intentar una descripción del cielo. Siempre que se vuelve a presentar ante mi vista, el espectáculo me anonada de admiración. Transportada por el insuperable esplendor y la excelsa gloria, dejo caer la pluma, exclamando: “¡Oh! ¡qué amor, qué maravilloso amor!” El más enfático lenguaje sería incapaz de describir la gloria del cielo ni las incomparables profundidades del amor del Salvador.* 488

86. La Vida en el Hogar Edénico

El Edén será restaurado.-

El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos. Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén. Cuando la ola de iniquidad cubrió al mundo, y la maldad de los hombres trajo su destrucción por medio del diluvio, la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tierra. Pero en la final restitución, cuando haya “un cielo nuevo, y una tierra nueva,” ha de ser restaurado más gloriosamente embellecido que al principio.

Entonces los que hayan guardado los mandamientos de Dios respirarán llenos de inmortal vigor bajo el árbol de la vida; y a través de las edades sin fin los habitantes de los mundos sin pecado contemplarán en aquel huerto de delicias un modelo de la perfecta obra de la creación de Dios, incólume de la maldición del pecado, una muestra de lo que toda la tierra hubiera llegado a ser si el hombre hubiera cumplido el glorioso plan de Dios.*

El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No sólo el 489 hombre, sino también la tierra, será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. “Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, y hasta el siglo de los siglos.” *

“La redención de la posesión adquirida”.-

El propósito que Dios tenía originalmente al crear la tierra se cumplirá cuando llegue a ser la morada eterna de los redimidos. “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.” Habrá llegado el tiempo hacia el cual los santos miraban con anhelo desde que la espada flamígera echó del Edén a la primera pareja, el tiempo de “la redención de la posesión adquirida.” La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás, y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención.*

Todo lo que perdió el primer Adán será restaurado por el segundo. Dice el profeta: “Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero.” Y Pablo señala hacia delante, a “la redención de la posesión adquirida.”

Dios creó la tierra para que fuese morada de seres santos y felices. Ese propósito se cumplirá cuando, renovada por el poder de Dios y liberada del pecado y de la tristeza, llegue a ser la patria eterna de los redimidos.*

Adán devuelto al Edén.-

Después de su expulsión del Edén, la vida de Adán en la tierra estuvo llena de pesar. Cada hoja marchita, cada víctima ofrecida en sacrificio, cada ajamiento en el hermoso aspecto de la naturaleza, cada mancha en la pureza del hombre, le volvían a recordar su pecado. Terrible fue la agonía del remordimiento cuando notó que aumentaba la iniquidad, y que en contestación a sus advertencias, se le tachaba de ser él mismo causa del pecado. Con 490 paciencia y humildad soportó, por cerca de mil años, el castigo de su transgresión. Se arrepintió sinceramente de su pecado y confió en los méritos del Salvador prometido, y murió en la esperanza de la resurrección. El Hijo de Dios reparó la culpa y caída del hombre, y ahora, merced a la obra de propiciación, Adán es restablecido a su primitiva soberanía.

Transportado de dicha, contempla los árboles que hicieron una vez su delicia -los mismos árboles cuyos frutos recogiera en los días de su inocencia y dicha. Ve las vides que sus propias manos cultivaron, las mismas flores que se gozaba en cuidar en otros tiempos. Su espíritu abarca toda la escena; comprende que éste es en verdad el Edén restaurado y que es mucho más hermoso ahora que cuando él fue expulsado. El Salvador le lleva al árbol de la vida, toma su fruto glorioso y, se lo ofrece para comer. Adán mira en torno suyo y nota una multitud de los redimidos de su familia que se encuentra en el paraíso de Dios. Entonces arroja su brillante corona a los pies de Jesús, y, cayendo sobre su pecho, abraza al Redentor. Toca luego el arpa de oro, y por las bóvedas del cielo repercute el canto triunfal: “¡Digno, digno, digno es el Cordero, que fue inmolado y volvió a vivir!” La familia de Adán repite los acordes y arroja sus coronas a los pies del Salvador, inclinándose ante él en adoración.

Presencian esta reunión los ángeles que lloraron por la caída de Adán y se regocijaron cuando Jesús, una vez resucitado, ascendió al cielo después de haber abierto el sepulcro para todos aquellos que creyesen en su nombre. Ahora contemplan el cumplimiento de la obra de redención y unen sus voces al cántico de alabanza.*

Mansiones para los peregrinos de la tierra.-

El temor de hacer aparecer la futura herencia de los santos demasiado material ha inducido a muchos a espiritualizar aquellas verdades que nos hacen considerar la tierra como nuestra morada. Cristo aseguró a sus discípulos que iba a preparar mansiones para 491 ellos en la casa de su Padre. Los que aceptan las enseñanzas de la Palabra de Dios no ignorarán por completo lo que se refiere a la patria celestial. . . . El lenguaje humano no alcanza a describir la recompensa de los justos. Sólo la conocerán quienes la contemplen. Ninguna inteligencia limitada puede comprender la gloria del paraíso de Dios.

En la Biblia se llama la herencia de los bienaventurados una patria. Allí conduce el divino Pastor a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para el servicio de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas llanuras alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En aquellas pacíficas llanuras, al borde de aquellas corrientes vivas, es donde el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar.*

Hay mansiones para los peregrinos de la tierra. Hay vestiduras, coronas de gloria y palmas de victoria para los justos. Todo lo que nos dejó perplejos en las providencias de Dios quedará aclarado en el mundo venidero. Las cosas difíciles de entender hallarán entonces su explicación. Los misterios de la gracia nos serán revelados. Donde nuestras mentes finitas discernían solamente confusión y promesas quebrantadas, veremos la más perfecta y hermosa armonía. Sabremos que el amor infinito ordenó los incidentes que nos parecieron más penosos. A medida que comprendamos el tierno cuidado de Aquel que hace que todas las cosas obren conjuntamente para nuestro bien, nos regocijaremos con gozo inefable y rebosante de gloria. . . .

Vamos hacia la patria. El que nos amó al punto de morir por nosotros, nos ha edificado una ciudad. La Nueva Jerusalén es nuestro lugar de descanso. No habrá tristeza en la 492 ciudad de Dios. Nunca más se oirá el llanto ni la endecha de las esperanzas destrozadas y de los afectos tronchados. Pronto las vestiduras de pesar se trocarán por el manto de bodas. Pronto presenciaremos la coronación de nuestro Rey. Aquellos cuya vida quedó escondida con Cristo, aquellos que en esta tierra pelearon la buena batalla de la fe, resplandecerán con la gloria del Redentor en el reino de Dios .*

Privilegios de los redimidos.-

El cielo es un lugar agradable. Yo anhelo estar allí y contemplar a mi hermoso Jesús que por mí dio la vida, y ser transmutada en su gloriosa imagen. ¡Oh, quién me diera palabras para expresar la gloria del brillante mundo venidero! Estoy sedienta de las vivas corrientes que alegran la ciudad de nuestro Dios.

El Señor me mostró en visión otros mundos. Me fueron dadas alas, y un ángel me acompañó desde la ciudad a un brillante y glorioso lugar. La hierba era de un verde vivo y las aves gorjeaban un dulce canto. Los moradores, de aquel lugar eran de todas estaturas, nobles, majestuosos y hermosos. Llevaban la manifiesta imagen de Jesús, y su semblante refulgía de santo júbilo, como expresión de la libertad y dicha que en aquel lugar disfrutaban. Le pregunté a uno de ellos por qué eran mucho más bellos que los habitantes de la tierra, y me respondió: “Hemos vivido en estricta obediencia a los mandamientos de Dios, y no incurrimos en desobediencia como los habitantes de la tierra.” . . . Supliqué a mi ángel acompañante que me dejara permanecer en aquel sitio. No podía sufrir el pensamiento de volver de nuevo a este tenebroso mundo. El ángel me dijo entonces: “Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los ciento cuarenta y cuatro mil, el privilegio de visitar todos los mundos y ver la obra de las manos de Dios.”*

La familia unida del cielo y de la tierra.-

Allí los redimidos conocerán como son conocidos. Los sentimientos de amor y simpatía que el mismo Dios implantó en el alma, se 493 desahogarán del modo más completo y más dulce. El trato puro con seres santos, la vida social y armoniosa con los ángeles bienaventurados y con los fieles de todas las edades que lavaron sus vestiduras y las emblanquecieron en la sangre del Cordero, los lazos sagrados que unen a “toda la familia en los cielos, y en la tierra” -todo eso constituye la dicha de los redimidos.*

Las naciones de los salvos no conocerán otra ley que la del cielo. Todos constituirán una familia feliz y unida, ataviada con las vestiduras de alabanza y agradecimiento. Al presenciar la escena, las estrellas de la mañana cantarán juntas, y los hijos de los hombres aclamarán de gozo, mientras Dios y Cristo se unirán para proclamar: No habrá más pecado ni muerte.*

Desde aquella escena de gozo celestial [la ascensión de Cristo], nos llega a la tierra el eco de las palabras admirables de Cristo: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” La familia del cielo y la familia de la tierra son una. Nuestro Señor ascendió para nuestro bien y para nuestro bien vive. “Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” *

Aunque se demore, la promesa es segura.-

Largo tiempo hemos esperado el retorno del Salvador, pero ello no quita seguridad a su promesa. Pronto estaremos en la patria prometida. Allí Jesús nos conducirá junto al vivo caudal que fluye del trono de Dios y nos explicará las obscuras providencias por las cuales nos hizo pasar en esta tierra para perfeccionar nuestro carácter. Allí contemplaremos con límpida visión las bellezas del Edén restaurado. Arrojando a los pies del Redentor las coronas que puso sobre nuestras cabezas y tocando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con las alabanzas del que está sentado en su trono.*

Todo lo hermoso de nuestra patria terrenal ha de recordarnos 494 el río de cristal y los campos verdes, los árboles ondeantes y las fuentes de aguas vivas, la ciudad resplandeciente y los cantores vestidos de blanco de nuestra patria celestial, el mundo de una belleza que ningún pintor puede reproducir y que ninguna lengua humana puede describir. “Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.” * 495

87. Cuadros de la Tierra Nueva

Visiones de la gloria futura.-

Con Jesús al frente, descendimos todos de la ciudad a la tierra, y nos posamos sobre una ingente montaña que, incapaz de sostener a Jesús, se partió en dos, de modo que quedó hecha una vasta llanura. Miramos entonces hacia arriba y vimos la gran ciudad con doce cimientos y doce puertas, tres en cada uno de sus cuatro lados, y un ángel en cada puerta. Todos exclamamos: “¡La ciudad, la ciudad, ya baja, ya baja de Dios, del cielo!” Descendió, pues, la ciudad, y se asentó en el lugar donde nosotros estábamos. Después miramos las espléndidas afueras de la ciudad. Vi bellísimas casas que parecían de plata, sostenidas por cuatro columnas engastadas de preciosas perlas muy admirables a la vista. Estaban destinadas a ser residencia de los santos. En cada una había un anaquel de oro. Vi muchos santos que entraban en las casas, y, desciñéndose sus resplandecientes coronas, las colocaban sobre el anaquel. Después salían al campo contiguo a las casas para hacer algo con la tierra, aunque no en modo alguno como para cultivarla como hacemos ahora. Un glorioso nimbo circundaba sus cabezas, y estaban continuamente alabando a Dios.

Vi otro campo lleno de toda clase de flores, y al cogerlas exclamé: “No se marchitarán.” Después vi un campo de crecida hierba, cuyo hermosísimo aspecto causaba admiración. Era de color verde vivo, y tenía reflejos de plata y oro al ondular gallardamente para gloria del Rey Jesús. Luego entramos en un campo lleno de toda clase de animales: el león 496 el cordero, el leopardo y el lobo, todos vivían allí juntos en perfecta unión. Pasamos por en medio de ellos, y nos siguieron mansamente.

De allí fuimos a un bosque, no sombrío como los de la tierra actual, sino esplendente y glorioso en todo. Las ramas de los árboles ondulaban de uno a otro lado, y nosotros exclamamos todos: “Moraremos seguros en el párramo y dormiremos en los bosques.” *

Progresos futuros.-

¿ Os parece que no aprenderemos nada allí? No tenemos la menor idea de lo que se abrirá entonces delante de nosotros. Con Cristo andaremos al lado de las aguas vivas. Nos revelará la hermosura, y gloria de la naturaleza. Nos revelará lo que él es para nosotros, y lo que somos para él. Conoceremos entonces la verdad que no podemos conocer ahora, por causa de nuestras limitaciones finitas .*

La familia cristiana ha de ser una escuela de la cual los niños se gradúen para pasar a otra superior en las mansiones de Dios.*

El cielo es una escuela; su campo de estudio, el universo; su maestro, el Ser infinito. En el Edén fue establecida una dependencia de esta escuela y, una vez consumado el plan de redención, se reanudará la educación en la escuela del Edén….

Entre la escuela establecida al principio en el Edén y la escuela futura, se extiende todo el período de la historia de este mundo, historia de la transgresión y del sufrimiento humano, del sacrificio divino, y de la victoria sobre la muerte y el pecado. . . . Restaurado a la presencia de Dios, el hombre volverá a ser enseñado por él, como en el principio: “Conocerá mi pueblo la virtud de mi Nombre: . . . en aquel día conocerán que yo soy aquel que dice: ¡Heme aquí!” . . . ¡Qué campo se abrirá allí a nuestro estudio cuando se quite el velo que obscurece nuestra vista y nuestros ojos contemplen ese mundo de belleza del cual ahora tenemos vislumbres por 497 medio del microscopio; cuando contemplemos las glorias de los cielos estudiados ahora por medio del telescopio; cuando, borrada la mancha del pecado, toda la tierra aparezca en “la hermosura de Jehová nuestro Dios!” *

El conocimiento celestial será progresivo.-

Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos -mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimientos de dolor, y que entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida. Con indescriptible dicha los hijos de la tierra participan del gozo y de la sabiduría de los seres que no cayeron. Comparten los tesoros de conocimientos e inteligencia adquiridos durante siglos y siglos en la contemplación de las obras de Dios. Con visión clara consideran la magnificencia de la creación -soles y estrellas y sistemas planetarios que en el orden a ellos asignado circuyen el trono de la Divinidad. El nombre del Creador se encuentra escrito en todas las cosas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, y en todas ellas se ostenta la riqueza de su poder.

Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, tanto más admirarán su carácter.*

La vida social.-

Allí conoceremos como somos conocidos. Allí hallarán aplicación más dulce y verdadera el amor y las simpatías que Dios ha implantado en el alma. La comunión pura con seres celestiales, la armoniosa vida social con los ángeles bienaventurados y los fieles de todas las épocas, el sagrado compañerismo que une “toda la familia en los cielos, y en la tierra,” se cuentan entre los incidentes del más allá.*

Ocupaciones en la tierra nueva.-

En la tierra renovada, los 498 redimidos participarán en las ocupaciones y los placeres que daban felicidad a Adán y Eva en el principio. Se vivirá la existencia del Edén, en huertos y campos. “Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán, y otro morará; no plantarán y otro comerá: porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos.” *

Allí se desarrollará toda facultad y toda aptitud aumentará. Se llevarán adelante las mayores empresas, se lograrán las más elevadas aspiraciones y se realizarán las mayores ambiciones. Y aún se levantarán nuevas alturas a las cuales llegar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos que despertarán las facultades del cuerpo, la mente y el alma.*

A punto de suceder.-

Estamos viviendo en un momento solemnísimo de la historia de esta tierra. Nunca es tiempo oportuno para pecar; es siempre peligroso continuar en la transgresión; pero esto es actualmente cierto en un sentido especial. Nos hallamos en los mismos lindes del mundo eterno y nos vemos, frente al tiempo y a la eternidad, en una situación más solemne que nunca antes. Cada persona escudriñe ahora su corazón y suplique que los brillantes rayos del Sol de justicia disipen todas las tinieblas espirituales y eliminen toda contaminación.*

A nosotros que estamos a punto de ver su cumplimiento, ¡de cuánto significado, de cuán vivo interés, son estos delineamientos de las cosas por venir, acontecimientos por los cuales, desde que nuestros primeros padres dieron la espalda al Edén, los hijos de Dios han estado velando y aguardando, anhelando y orando!

Compañeros de peregrinación, estamos todavía entre las sombras y la agitación de las actividades terrenales; pero pronto aparecerá nuestro Salvador para traer liberación y 499 descanso. Contemplemos por la fe el bienaventurado más allá, tal como lo describió la mano de Dios.*

Un llamamiento a prepararse.-

Os ruego que os preparéis para la venida de Cristo en las nubes de los cielos. Día tras día, desechad de vuestro corazón el amor al mundo. Comprended por experiencia lo que significa tener comunión con Cristo. Preparaos para el juicio, para que cuando Cristo venga para ser admirado por todos los que creen, podáis estar entre aquellos que le recibirán en paz. En aquel día los redimidos resplandecerán en la gloria del Padre y del Hijo. Tocando sus arpas de oro, los ángeles darán la bienvenida al Rey y a los trofeos de su victoria: los que fueron lavados y emblanquecidos en la sangre del Cordero. Se elevará un canto de triunfo que llenará todo el cielo. Cristo habrá vencido. Entrará en los atrios celestiales acompañado por sus redimidos, testimonios de que su misión de sufrimiento y sacrificio no fue en vano

Fuente:

EL HOGAR CRISTIANO

Por ELENA G. DE WHITE

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