Los angeles actuan en favor del pueblo de Dios

Fuente: La verdad acerca de los angeles – Elena de White

La visión de Josué y el ángel

La escena de Satanás como acusador fue presentada delante del profeta. “Me
mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás
estaba a su mano derecha para acusarle” (Zac. 3:1). —RH Agosto 22, 1893.
En la profecía de Zacarías se nos da una muy vigorosa e impresionante ilustración
de la obra de Satanás y de la de Cristo, y del poder de nuestro Mediador para vencer al
acusador de su pueblo. En santa visión, el profeta contempla a Josué, el sumo
sacerdote, “vestido de vestiduras viles”, de pie “delante del ángel” (Zac. 3:3),
suplicando la misericordia de Dios en favor de su pueblo profundamente afligido.
Satanás está a su diestra para resistirle.
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Por haber sido elegido Israel para conservar el conocimiento de Dios en la tierra,
había sido, desde el mismo principio de su existencia como nación, el objeto especial
de la enemistad de Satanás, y éste se había propuesto causar su destrucción. No podía
hacerles daño mientras los hijos de Israel fueran obedientes a Dios; por lo tanto había
dedicado todo su poder y astucia para inducirlos a pecar. Seducidos por sus
tentaciones, habían transgredido la ley de Dios y, habiéndose separado así de la Fuente
de su fuerza, se les había dejado caer presa de sus enemigos paganos. Fueron llevados
en cautiverio a Babilonia, y permanecieron allí muchos años.
Sin embargo, el Señor no los abandonó. Les envió sus profetas con reproches y
amonestaciones. El pueblo despertó, vio su culpabilidad, se humilló delante de Dios, y
volvió a él con verdadero arrepentimiento. Entonces el Señor le envió mensajes de
aliento, declarando que le libraría del cautiverio y le devolvería su favor. Esto era lo
que Satanás quería resueltamente impedir. Un remanente de Israel había vuelto ya a su
patria, y Satanás estaba tratando de inducir a las naciones paganas, que eran sus
agentes, a destruirlo completamente…
El sumo sacerdote no puede defenderse a sí mismo ni a su pueblo de las
acusaciones de Satanás. No sostiene que Israel esté libre de culpas. En sus andrajos
sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su representante, está
delante del ángel, confesando su culpa, señalando, sin embargo, su arrepentimiento y
humillación, fiando en la misericordia de un Redentor que perdona el pecado; y con fe
se aferra a las promesas de Dios.
Entonces el ángel, que es Cristo mismo, el Salvador de los pecadores, hace callar al
acusador de su pueblo, declarando: “Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha
escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” (Zac.
3:2). Israel había estado durante largo tiempo en el horno de la aflicción. A causa de
sus pecados, había sido casi completamente consumido en la llama encendida por
Satanás y sus agentes para destruirlo; pero Dios había intervenido ahora para librarle.
El compasivo Salvador no dejará a su pueblo penitente y humillado, bajo el cruel
poder de los paganos…
Al ser aceptada la intercesión de Josué, se da la orden: “Quitadle esas vestiduras
viles”. Y a Josué el ángel declara: “Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho
vestir de ropas de gala… Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las
ropas” (Zac. 3:45). Sus propios pecados y los de su pueblo fueron perdonados. Israel
habría de ser revestido con “ropas de gala”: la justicia de Cristo que le era imputada.
La mitra, puesta sobre la cabeza de Josué, era como laque llevaban los sacerdotes con
la inscripción: “Santidad a Jehová”, lo cual significaba que a pesar de sus antiguas
transgresiones, estaba ahora capacitado para servir delante de Dios en su santuario.
Después de haberle investido así solemnemente de la dignidad del sacerdocio, el
ángel declaró: “Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también
tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te
daré lugar” (Zac.3:7). Se le iba a honrar como juez o gobernante del templo y todos sus
servicios; iba a andar entre ángeles que le acompañaran, aun en esta vida, y al fin se
uniría a la muchedumbre glorificada que rodea el trono de Dios. —2JT 170-172.
A todos los que tienen fe en Dios se les ofrece esta seguridad. Aceptad esta
maravillosa promesa, porque no es un ser humano el que está hablando; “Así dice
Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza,
también tú gobernarás mí casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí
están te daré lugar” (Zac. 3:7).
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Entre aquellos que nos rodean, están las huestes del enemigo que tratan de dividir al
pueblo de Dios, y las huestes celestiales, miles y decenas de miles, que custodian y
guardan al tentado pueblo de Dios, animándolo y fortaleciéndolo: éstos son los que nos
rodean. Y Dios dice a los creyentes: Vosotros caminaréis entre ellos; no seréis
vencidos por los poderes de las tinieblas. Estaréis delante de mí, en la presencia de los
santos ángeles, que son enviados para ministrar a aquellos que serán herederos de la
salvación. —RH Abril 30, 1901.

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